Con la juventud exhalandome por todos los poros, éste verano empecé mi autosuficiencia económica para comprarme mi tabla de surf y mi traje de neoprene. Primero trabajé en la perfumería de mi tía, en Castelar. Bien, te fumás algunas forradas de gente como el señor "Quiero un perfume que valga menos de $300, importado, pero que sea DE VERDAD, nada de artistas que muestran su cara con olor a coco. Quiero alguien que HAGA perfumes" y se llevó una promoción de Shakira a $133. Valió la pena. De ahí salió mi traje de neoprene 3.2, Thermoskin largo -♥-, es más de lo que aspiraba en un principio y me sirve para todo el año. Con la plata sobrante me inicié en mi negocio gitano de levendotartasalkioscodeacáalavuelta. Que por cierto, después de un par de deslices metiéndome en locales de ropa del centro a vender la porción de biscochuelo exquisita a $8, caminar 2 horas y juntar $80, fue una idea más que ingeniosa, porque la señora del kiosco de acá a la vuelta es la típica vieja con un sentido del humor negro como el ano de Obama, y de las mejores personas que podés encontrar en muchos kilómetros a la redonda -¡Y tenés la suerte de que esté acá a la vuelta!-
En fin, mi iniciación en el kiosquito fue de la realeza. Caminaba 1 cuadra y media por $20, charlaba un lindo rato y volvía con una sonrisa. Me hizo propaganda por la cuadra y probé con 4 lugares más, pero finalmente quedaron como clientes rutinarios el kiosco y la casa de deportes de a mitad de cuadra -Que consta con 3 empleados que comen como lima nueva- así que pipí cucú la onda, caminaba 2 cuadras, por $80, y volvía con la misma sonrisa de gato de Cheshire.
Entonces mi profesor de surf se eneteró, de la misma manera que todos nos enteramos de todo en un pueblo chico como un pañuelo, de mi profesión tartística del momento, por lo que dejé de pagar clases de surf y empecé a cambiarlas por tartas. Ellos con la panza contenta y yo con la mente feliz. Y un par de moretones de las primeras clases, pero es uno de los gajes del oficio.
Hoy, a una semana de volver a estudiar, con nuevos clientes caracúlicos, debido a que se van los empleados de temporada y vuelven los dueños que no quieren que les embarres ni la alfombra de entrada, pero con el fiel kiosquito de acá a la vuelta. Pasó un mes desde mi primer tarta y casi llego a mi tabla de surf. Además mi huerta bebé está creciendo, próximamente abro una verdulería con todo a mitad de precio.